Sustentabilidad| 17/03/2006 | Copyleft

BIOTECNOLOGÍA

África es el blanco de empresas para pruebas y plantación de transgénicos

Las empresas de biotecnología invierten bastante y hacen lobbies con gobiernos locales para conseguir introducir especies transgénicas en la agricultura de países de África e inculcar la idea de que la solución para el hambre en el continente empobrecido, reside en la producción de OGMs y sus nuevas tecnologías.

CURITIBA – En la geopolítica de los transgénicos, las empresas de biotecnología y los gobiernos interesados en la difusión y multiplicación de organismos genéticamente modificados (OGMs) por el mundo, tiene finalidades y estrategias bien definidas. Se les ve a los países subdesarrollados de Asia, América Latina y África como a un mercado interesante y potencialmente lucrativo. El tema “Geopolítica de los transgénicos” fue debatido por el Foro Global de la Sociedad Civil, promovido por el Foro Brasilero de ONGs y Movimientos Sociales (Fboms), durante el 3er Encuentro de las Partes en el Protocolo de Cartagena sobre Bioseguridad, que ocurrió entre el 13 y el 17 de marzo, en Curitiba.

Cuando países como Zambia y Zimbabwe rechazaron la ayuda humanitaria de los Estados Unidos, por tratarse de alimentos transgénicos, los medios de comunicación percibieron un síntoma de una nueva realidad en África. La comprensión del por qué países con poblaciones tan miserables y hambrientas iban rechazando alimentos no fue unánime. El problema es que ciertos gobiernos africanos intentan resistir la proliferación de transgénicos en sus territorios, mientras las empresas de biotecnología avanzan para difundir los organismos genéticamente modificados (OGMs).

Las ayudas humanitarias, como las que se destinaron a Zambia y Zimbabwe, representan una de las principales vías para introducir los transgénicos en el continente, junto con la importación legal – y hasta ilegal – de productos. “Creemos que la introducción de OGMs en África pasa por la contaminación, debido a las ayudas humanitarias. Mucha de los alimentos son importados de Estados Unidos, Argentina y México. Nuestros gobiernos y nuestro pueblo no pueden conocer con certeza si esta ayuda humanitaria contiene transgénicos, porque no existen identificación ni pruebas”, dice Roger Mpande, de la ONG Community Technology Development Trust, de Zimbabwe.

Nigeria es otro de los países que reciben ayuda humanitaria, pero no se sabe si los granos son transgénicos. “En realidad, la mayoría de alimentos que recibimos no son gratis, los pagamos y se le llama “alimento para el progreso”. Es una medida para que los países vendan el exceso de producción o los alimentos orgánicos contaminados, cuyo valor de mercado ya no es aceptable. Entonces, no se trata de alimento para ayuda, ellos no están ayudándole a nadie”, dice Nnimo Bassey, de Amigos de la Tierra de Nigeria, contradiciendo el argumento de las empresas de biotecnología que afirman que los transgénicos y sus tecnologías representarían la manera de ayudar a la población miserable y hambrienta de África.

“Las personas padecen el hambre no porque no hay comida, sino porque no tienen acceso a ella”, dijo Bassey refiriéndose a las condiciones de vida miserables y a la falta de políticas públicas en África. “Se trata de un falso argumento para convencer a los políticos. Tras diez años de existencia de los transgénicos, las promesas de acabar con el hambre en el continente no se cumplieron”, afirma. “Cuántos de los alimentos modificados son destinados a la alimentación humana? La mayoría de la producción de granos de la Monsanto en África es destinada a la alimentación animal. Y aunque fueran para seres humanos, cómo podrían salir más baratos, si exigen más inversiones?”.

OTRAS PUERTAS PARA ÁFRICA

Además de ello, las empresas de biotecnología, responsables por el desarrollo de OGMs, como la Monsanto, están presentes en el continente desde siempre, aún antes de la llegada de la ingeniería genética en la agricultura, como vendedoras de semillas y herbicidas convencionales. Una vez que se instalaron en África, dichas empresas sólo trajeron esta nueva tecnología para el continente.

El control sobre la entrada de transgénicos es de hecho bastante difícil, también porque la mayoría de los países africanos no tienen una legislación específica que trate asuntos de bioseguridad. Los pocos países que poseen una legislación son Namibia, Zambia, Zimbabwe y África del Sur. “El problema es que las empresas trabajan muy rápido”, subraya Bassey. En el caso de Zimbabwe, Mpande dice que el gobierno ha sido bastante prudente acerca de las modificaciones que se están haciendo en la legislación sobre bioseguridad, existente desde el año 2000, pero la tendencia es que ella se haga más severa contra la entrada de transgénicos.

Con todo, plantaciones de OGMs ilegales de diferentes tipos de productos, están despuntando en los países africanos. En la mayoría de los casos, existe un lobby bastante poderoso, de empresas de biotecnología como para penetrar en el continente. Mpande cita que las tres grandes multinacionales del sector son la misma Monsanto, Syngenta y Bayer, principalmente en países del este africano, los más reluctantes a la hora de aceptar transgénicos. “La industria de biotecnología tiene una política agresiva para traer los OGMs para el continente”, dice Bassey.

“Las empresas han trabajado mucho para introducir el algodón modificado. El ejemplo que ellas dan del éxito, son Asia y África del Sur. Sin embargo, sabemos que el cultivo falló en ambos lugares. Son hechos que se basan en falsas propagandas, pero lamentablemente algunos políticos concuerdan con ella”, afirma Bassey.

En Zimbabwe, según Mpande, Monsanto también intentó introducir algodón transgénico hace algunos años. Pero tras dos años de investigaciones, la empresa quiso cobrar royalties de toda la producción, lo que produjo que el gobierno retirara el acuerdo de investigaciones con la corporación. Además de ello, él recuerda que la variedad genética se mostró mucho menos eficaz en términos agrícolas, con respecto a las especies nativas. Sin embargo, hasta la fecha, la empresa intenta desarrollar especies de algodón y de mijo, alimento básico del país. Las aplicaciones no esperan la aprobación, se están llevando a cabo sin autorización.

También el escenario en Nigeria es semejante. Oficialmente, no hay plantaciones de transgénicos, sin embargo, según Bassey, se sospecha que haya cultivos ilegales de mandioca. Se trataría de plantaciones para pruebas del Instituto Internacional para la Agricultura Tropical, de los EE.UU., en sociedad con la Monsanto. “Ello es preocupante, ya que se trata de una mercancía para el intercambio entre las personas. Si hubiera variedades modificadas, éstas contaminarían las nativas, ya que el trueque es muy informal”, explica.

África del Sur es el único país del continente que permite la importación y las plantaciones de organismos genéticamente modificados (OGMs) para fines comerciales. Los cultivos de algodón y mijo son los principales productos transgénicos. Muchos ambientalistas creen que el país sirve de puerta de acceso para que las empresas realicen sus negocios en el resto del continente. “Para el gobierno de África del Sur, la contaminación no es perjudicial o dañina”, afirma la sudafricana Mariam Mayet, del Centro Africano para Bioseguridad.

En Kenya, donde la producción de transgénicos para fines comerciales no está permitida, ya se realizaron experimentos para desarrollar la batata-dulce modificada. “Monsanto invirtió 10 millones de dólares en el país y organizó mucha propaganda y barullo acerca de la producción de batata-dulce transgénica. En 2004, el cultivo fracasó por completo y los experimentos fueron abandonados”, relata Bassey. “Las empresas creen que Kenya tiene un potencial muy alto, por ello invierten mucho allá, pero si el país abriera sus puertas a los OGMs sería una excepción entre los países del este africano que se están negando a aceptar”.

Además de ello, los mismos centros de investigación africanos se interesan en el desarrollo de transgénicos. En Zimbabwe, la producción de OGM reconocida y legalizada es la del tabaco, cuya variedad modificada, que contiene menos nicotina, fue desarrollada por un centro de investigación del mismo país. La producción no es dirigida con fines comerciales, sino para pruebas. En Nigeria, ocurre una situación semejante. Según Mpande, el país invirtió US$ 20 millones en investigaciones sobre biotecnología, que incluyen ingeniería genética. En África del Sur, la Universidad de Pretoria se dedica a la investigación y al desarrollo de mijo transgénico.

Traducción de Orsetta Spinola



 

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