Antifascismo

¿Se puede aprovechar la fama de 'Parasite' para poner fin a las casas jaula?

La familia de Parasite, que habita un semisótano, pone sobre la mesa la problemática de los 'banjiha' o 'casas jaula' en Seúl. Una ONG trata de erradicarlas

17/02/2020 12:14

¿Se puede aprovechar la fama de 'Parasite' para poner fin a las casas jaula? (Alamy)

Créditos da foto: ¿Se puede aprovechar la fama de 'Parasite' para poner fin a las casas jaula? (Alamy)

 
La familia Kim, de la oscarizada película surcoreana Parasite, pasa de malvivir en un semisótano a disfrutar de los lujos de una mansión de ricos. Una ONG de Hong Kong lleva más de 30 años denunciando las malas políticas de vivienda que provocan que cientos de miles de personas sólo puedan soñar en algo parecido a un hogar.

La velocidad de los acontecimientos se precipita cuesta abajo y sin frenos cuando el éxito llama apresuradamente a la puerta. Le pasa a la familia Kim en la película Parasite y le ha sucedido al director Bong Joon-ho en la vida real. Con su obra más personal, con la cinta que escarba entre los males enquistados en lo más profundo de la sociedad coreana que tan bien conoce, ha logrado algo histórico: ganar el Óscar a la mejor película con una producción no inglesa. Los parásitos de Hollywood, les llaman ya con humor ácido.

Parasite denuncia la situación precaria de vivienda de Corea del Sur© Alamy

Parasite juega magistralmente con el terror y la comedia negra para criticar ferozmente la perversidad del capitalismo galopante. Cruza géneros cinematográficos opuestos, pero estrechamente intercomunicados en la idiosincrasia surcoreana, donde lo rico pervierte a lo pobre y lo pobre es necesario para que exista lo rico. Un metalenguaje pensado por y para el espectador coreano, por lo que muchos gags pueden pasar desapercibidos para Occidente.

Chequeando todas las entrevistas al director durante la promoción de su obra maestra, destaca la del periodista Luis Martínez por encima del resto, porque logra sonsacarle una buena sinopsis de lo que está pasando ahora mismo en Corea del Sur y que subyace en cada fotograma de Parasite:

“Nunca he pretendido proponer una metáfora elaborada. Está claro que la familia pobre parasita a la rica. Viven escondidos en su casa y se aprovechan de ello. Pero, obviamente, el objetivo era llegar a la idea contraria. Es la familia rica la que hace valer sus privilegios de parásitos de todo un sistema construido por ellos y para ellos”, dice el aclamado director.

El sótano en el que vive la familia Kim en la película Parasite© Alamy

Es precisamente este tipo de construcción fantasma (pero existente) la que ha provocado más comentarios. ¿Es cierto que malviven miles de surcoreanos en semisótanos de pocos metros cuadrados? La proliferación de los llamados banjiha en Seúl es tan cierta como la promoción de la ciudad como uno de los destinos turísticos más interesantes del mundo. Evidentemente, las fotografías de estos lugares no aparecen en el folleto de ninguna oficina de turismo ni en ningún mapa de punto de información para el turista recién llegado, pero Parasite ha servido para que los banjiha suban a la palestra de la ficción a la realidad más cruda.

“Tuvimos que construir el vecindario de la familia pobre entre unos callejones”, dice Bong Joon-ho en el Instagram oficial de la aclamada película. “El departamento de arte fue a lugares de Seúl listos para la reurbanización, y trajeron puertas abandonadas y otros materiales. Las décadas de suciedad, casi se podían oler”, dice el director.

En la película se logra recrear con exactitud los sótanos con poca luz y ventilación deficiente, donde los menos privilegiados siguen esperando un futuro mejor. Es el caso de la familia Kim, que en Parasite tiene su banjiha en un callejón sin salida donde los borrachos van a mear cada madrugada, El último rincón del mundo donde alguien elegiría vivir voluntariamente es un espacio tan lúgubre que la cobertura del teléfono no llega y el inodoro está elevado para no dejar el hogar lleno de aguas fecales.

Lo que en Corea del Sur llaman banjiha, en Hong Kong son conocidas como “unidades subdivididas”. Un término políticamente correcto que esconde espacios antihigiénicos y asfixiantes que algunos llaman cubículos ataúd, o algo aún peor, casas jaula construidas con alambres de púas. Humanos viviendo como no le desearíamos ni al peor enemigo.

Unos espacios infrahumanos que The Society for Community Organization (SoCO) combate en Hong Kong, y que el fotógrafo Benny Lamm inmortalizó en una campaña denominada Subdivided Flats para esta ONG. Una serie de imágenes perturbadoras tomadas desde la perspectiva del que habita (y no del que mira como sujeto pasivo) que sirvió para poner el foco sobre los problemas de vivienda en Hong Kong. "Entré en casi 100 pisos, subí numerosas escaleras al tomar fotografías. Unos pocos metros cuadrados pueden dar para un inodoro, una cocina y un balcón. Espacio suficiente para tres o cuatro personas recostadas, cuatro o cinco sillas giratorias y 57 piezas de azulejos en la pared. Para algunas personas, este es el tamaño de toda la casa a la que llaman hogar".

Uno puede pensar que en esas estructuras los alquileres son regalados y no hay ningún tipo de problema para encontrar sitio si las cosas te van realmente mal. Pues todo lo contrario. Así lo aseguran los responsables de SoCO: “Hay una grave escasez de oferta de viviendas en Hong Kong. Más de 200.000 ciudadanos locales no tienen más remedio que vivir en minúsculas unidades subdivididas. "Unidad pequeña, alquiler caro" es la mejor representación de lo que pasa a diario entre los inquilinos. Ante la actual falta de control de los precios del alquiler, la unidad se puede realquilar en cualquier momento e incluso se puede obligar al actual inquilino a mudarse si llega una mejor oferta”.

Inquilinos sin ningún tipo de privilegio que no tiene derecho a expresar su voz. Al final del día, “los residentes menos privilegiados solo pueden luchar para sobrevivir al nivel más bajo mientras esperan los prometidos anuncios de pisos de vivienda pública que nunca llegan”. Por eso desde SoCO visitan periódicamente estos hogares y hacen un seguimiento de las necesidades de vida de sus habitantes.

La mayoría son jóvenes trabajadores lejos del cliché de personas fuera de la sociedad o que rozan la indigencia. “Vamos casa a casa con la intención de mejorar las políticas de vivienda y la protección de los medios de vida. A través de servicios y trabajos sociales, mejoramos las condiciones de vida y nos esforzamos por asegurar los derechos básicos de vivienda”, aseguran en su página web.

Otro de los aspectos positivos que puede llevar el apabullante éxito de Parasite es que se ponga el foco en estas chozas mal llamadas 'viviendas'. Una atención renovada que organizaciones como SoCO sólo pueden utilizar para bien. Porque como bien dice el director surcoreano no es parásito el que malvive como puede en estos espacios, sino el que ha permitido que las casas jaula existan y sigan de pie.






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