Antifascismo

Que se apunte a los responsables

Para que Brasil pueda defender a su democracia deberá poner urgencia en la investigación sobre las movidas políticas de sus militares, empezando por llamar a declarar al general Villas Bôas

22/02/2021 11:15

(Pedro Ladeira/Folhapress)

Créditos da foto: (Pedro Ladeira/Folhapress)

 
El ministro de Defensa de Brasil, general Fernando Azevedo, visitó el día 18 al presidente del Supremo Tribunal Federal de ese país, el ministro Luís Fux, en un intento de bajar las tensiones causadas por la publicación del libro del general Eduardo Villas Bôas. En ese entonces declaró: “En todas mis notas como ministro de Defensa reafirmo el compromiso de las Fuerzas Armadas con la democracia y la Constitución de 1988. Las Fuerzas Armadas están enfocadas en el cumplimiento de sus obligaciones legales”.

Sin embargo, estas notas no van al grano de lo que se está discutiendo ahora. Al decir “como ministro de Defensa”, cargo para el que fue designado por el ex-capitán Jair Bolsonaro, es claro que se refieren a un período posterior a los tuits de Villas Bôas, ocurridos durante la disputa electoral, cuando chantajeó a los magistrados de la más alta corte del Poder Judicial para que ellos le negasen el habeas corpus solicitado por la defensa del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, lo que determinó que fuera llevado a la cárcel, meses antes de los últimos comicios presidenciales en Brasil.

En su visita, el ministro le pidió a Fux que no creara una crisis por este episodio. Sin embargo, para todos aquellos que valoran la democracia la crisis ya está creada.

El comandante en jefe del Ejército brasileño en aquel abril de 2018, el general Villas Bôas, explica en el testimonio rendido al biógrafo Celso Castro, autor del libro “Conversa com o Comandante”, que el mensaje que le envió a los ministros del Supremo Tribunal en aquel entonces, y que tuvo gran repercusión incluso en la prensa, antes mismo de la decisión de los magistrados, “expresó la posición del Alto Comando del Ejército”, y destacó que, en aquel momento, él no habló por sí mismo sino que por el Ejército, y exclusivamente a esa fuerza, ya que no se consultó con la Armada y tampoco con la Fuerza Aérea. Todos los detalles del ataque a la democracia que cometieron fueron detallados y explicados por el general, que incluso informa la participación activa de los altos oficiales que estuvieron en Brasilia, detallando que los consultados dieron su aprobación, tras el tiempo que tomaron para evaluar cada palabra de la nota. Este no fue el resultado de un impulso o una improvisación. Se pesó y se calculó todo para lograr el objetivo deseado.

El Alto Comando está conformado por el comandante en jefe del Ejército y más 15 generales en servicio activo, que en ese momento eran:

*General Fernando Azevedo, entonces jefe del Estado-Mayor (por lo que no puede negar su participación en la conspiración) y actual ministro de Defensa;

*General Paulo Humberto César de Oliveira, entonces comandante de Misiones Terrestres;

*General Manoel Luiz Narvaz Pafiadache, entonces jefe del Departamento General de Personal, ahora está retirado;

*General Mauro César Lourena Cid, entonces jefe del Departamento de Educación y Cultura del Ejército, actualmente es jefe de APEX (Agencia Brasileña de Promoción de Exportaciones e Inversiones);

*General Juarez Aparecido de Paula Cunha, entonces jefe del Departamento de Ciencia y Tecnología, luego sería nombrado presidente de la empresa Correios;

*General Guilherme Cals Theóphilo Gaspar de Oliveira, entonces comandante logístico, quien fue nombrado titular de la Secretaría Nacional de Seguridad Pública, pero que dejaría este cargo tras la salida de Sérgio Moro como ministro de Justicia;

*General Cláudio Coscia Moura, entonces jefe del Departamento de Ingeniería y Construcción, en retiro desde 2020, aunque sigue en Brasilia como asesor especial de Jair Bolsonaro;

*General Geraldo Antônio Miotto, entonces comandante militar de la Amazonía, luego trasladado al comando militar de la región Sur de Brasil, falleció por covid-19;

*General Carlos Alberto Neiva Barcellos, entonces comandante militar de la región Norte de Brasil, actualmente representa el país en la Conferencia por el Desarme de las Naciones Unidas;

*General Artur Costa Moura, entonces comandante militar de la región Noreste de Brasil, ahora está retirado;

*General José Luiz Dias Freitas, entonces comandante militar del Oeste de Brasil, actual jefe del Comando de Operaciones Terrestres, fue uno de los primeros en respaldar el mensaje de Villas Bôas contra Lula en Twitter, diciendo que “una vez más el comandante del Ejército expresa las preocupaciones y anhelos de ciudadanos brasileños que visten farda, estamos juntos”.

*General Walter Souza Braga Neto, entonces comandante militar del Este de Brasil, actualmente es el ministro de la Casa Civil;

*General João Camilo Pires de Campos, entonces comandante militar del Sureste de Brasil, actualmente es el secretario de Seguridad Pública del Estado de São Paulo;

*General Edson Leal Pujol, entonces comandante militar del Sur de Brasil, actualmente es el comandante en jefe del Ejército.

El titular de la Secretaría de Economía y Finanzas, general Lourival Carvalho Silva, que sería el decimosexto participante de la conspiración, no formaba en ese momento el Alto Comando en aquel entonces, debido a que su cargo era ocupado en aquel entonces por el general Expedito Alves de Lima.

El entonces ministro de Defensa, general Joaquim Silva e Luna, era entonces presidente de Itaipú, con un salario mensual de 79 mil reales, más una indemnización de 212 mil – este último valor por lo demás era tocado por el impuesto sobre la renta. Este mismo general ha sido nombrado recientemente como presidente de la estatal Petrobras y recibiría un salario que llegar a 400 mil reales mensuales, según información del diario O Globo.

Un ejército que ha formado en su academia a un militar como el capitán Bolsonaro, un sujeto que apenas sabe leer y se equivoca constantemente en las palabras, es un ejército que se burla del país, pagándoles banquetes lujosos con bacalao y whisky de 12 años, además de entregarles ejemplares de revistas pornográficas a sus comandantes en la jungla, como confiesa el general Villas Bôas en su libro-testimonio.

Otra declaración gravísima del excomandante fue el elogio que hizo al hoy coronel retirado Rubens Bezerril, señalado por el informe final de la Comisión Nacional de la Verdad como involucrado en la tortura y ejecución de un estudiante de secundaria en el Estado de Goiás.

Es urgente que se abra una investigación a ese respecto y que Villas Bôas sea llamado a declarar para confirmar o no la participación y acuerdo del Alto Comando del Ejército brasileño con su ataque a la democracia, más específicamente al Supremo Tribunal Federal. Si no lo hace, el general estará haciendo su confesión, comprobando que es un mentiroso, un irresponsable y un cobarde, al querer compartir una responsabilidad que solo le corresponde a él.

Si confirmado lo que está detallado en el libro, habrá que convocar a los entonces miembros del Alto Comando, para que sean confrontados si es necesario. Una vez determinadas las responsabilidades por el delito, se debe presentar la denuncia, para que sean llevados a juicio y condenados según lo que determine nuestra legislación. No podemos seguir dejando que quienes quieran seguir las costumbres empleadas durante la dictadura de 1964 intimiden a los demás poderes y que quedaron impunes, a través de la vergonzosa Ley de Amnistía, que protegió a los responsables de crímenes de lesa humanidad, porque pensaban estar por encima de las normas constitucionales.



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