Cartas do Editor

Tres lecciones de 2018

Llega a su fin un año que fue trágico en Brasil, especialmente para nosotros que luchamos contra la amenaza de Bolsonaro, ahora convertida en triste, peligrosa y sintomática realidad - que enfrentaremos juntos pero sin perder de vista tres importantes lecciones que aprendimos en 2018

12/12/2018 13:32

 

 

Mis queridos lectores,

El 2018 llega a su fin. Un ano trágico para Brasil, especialmente para nosotros que luchamos con todas nuestras fuerzas contra la amenaza de Bolsonaro, ahora convertido en triste, peligrosa y sintomática realidad que se nos impone por delante y que enfrentaremos juntos.

Para ello, no podemos perder de vista tres importantes lecciones que este 2018 nos ha enseñado:

La primera de ellas:

“Es el Imperialismo, estúpido”.

Por supuesto que no se trata solamente de la victoria electoral de un fascista, o de un ejemplo más de la llamada “ola conservadora”, sino que de las mismas fuerzas del imperialismo que actúan desde siempre, por lo que hay que encararlo como una categoría de análisis y no como una palabra de orden, como suele destacar el profesor Elias Jabbour (LabChina – Universidad del Estado de Río de Janeiro).

Además, lo dijo el presidente mexicano López Obrador, de forma muy acertada: “el distintivo del neoliberalismo es la corrupción”. Cualquier lucha contra la corrupción pasa obligatoriamente por la lucha contra el neoliberalismo y contra la inmensa desigualdad económica, social y cultural generada por el régimen de poder económico-político de sus corporaciones.

Mientras tanto, el zar de la “lucha contra la corrupción en Brasil”, que defiende que la ley sea aplicada para todos caiga quien caiga (aunque él mismo no practique esa máxima), con el discurso de que “no podemos tolerar o convivir con esa naturalización del pago de coimas”, ahora evita comentar la más reciente revelación de la Operación Gruta de Jaguar, que involucra la familia del recién elegido presidente de la República.

No es una casualidad el hecho de que México empieza a asumir en este momento el papel de sostenedor del desarrollo latinoamericano, que fue ejercido por Brasil durante el periodo de Lula da Silva, en la década pasada.

La segunda lección:

Se está produciendo un asalto a los derechos y al patrimonio del pueblo brasileño.

Hay que rechazar fuertemente el discurso de Jair Bolsonaro de que el trabajador tendrá que optar entre mantener su empleo o luchar por sus derechos, que podría llevarnos a retroceder a los tiempos da esclavitud.

Brasil ahora es el blanco prioritario del Imperio. Petróleo, agua, tierras, riquezas minerales, un inmenso tesoro que ya se está robando. Un abundante patrimonio cuyo dueño es el pueblo brasileño, pero que ha sido abandonado y se está negociando por obra de los mercaderes de la patria.

Por un segundo, creímos que la tragedia de Temer significaría un irrestricto apoyo electoral de las masas a la izquierda. Y el resultado fue lo que vimos. El aumento de la violencia (63,8 mil personas asesinadas en los últimos doce meses), de la miseria (2 millones de personas lanzadas a la extrema pobreza) y la desesperación de millones de desempleados que llegaron a esta situación durante los últimos tres años fueron el caldo de cultivo que condujo el país a una salida por la derecha.

La tercera lección:

La naturalización de los absurdos y la mediocrización de la opinión pública.

El caso del programa sanitario Más Médicos es un ejemplo notable de eso, con las amenazas del futuro gobierno y su discurso ideológico poniendo en riesgo a los miles de profesionales cubanos que trabajaban en los rincones más lejanos de país, lo que llevó Brasil a perder un inmenso contingente de profesionales de la salud de altísima calidad, y que además atendían a las personas más pobres.

Podemos citar también la naturalización de absurdos como el cuestionamiento a las vacunas o al calentamiento global, la constante amenaza a la autonomía universitaria y a los profesores en las clases, a partir de un proyecto de ley llamado “Escuela Sin Partido”, además de todas las mentiras y difamaciones que surgieron durante las elecciones de este año.

La derecha y la extrema derecha encontraron métodos espurios de sensibilización y convencimiento que impiden cualquier posibilidad de argumentación, por más científico que sea. De hecho, el odio al pensamiento científico es una de las características de los regímenes fascistas.

La manipulación de los afectos – sobre todo a partir del odio –, impidió que cualquier argumento racional, aunque fuera el más sencillo, pudiera alcanzar a los votantes. ¿Nos equivocamos? Por supuesto, pero no se trata de eso.

Lo que se necesita ahora es pensar, cuestionar y descubrir cómo cada uno de nosotros – formadores de opinión, profesores y estudiantes, liderazgos e militantes, intelectuales y lectores – podremos actuar dentro de ese nuevo contexto.

No es que tengamos que ir todos a las poblaciones para difundir nuestras ideas, sino que debemos comprender esas comunidades y sus contradicciones. Los más conscientes siguen votando por la izquierda, pero igual tenemos que aprender a dialogar con las capas más profundas de esos sectores sociales.

Me refiero a las millones y millones de personas que sobreviven en territorios sin alcantarillado. Brasileñas y brasileños que ante la ausencia del Estado buscan su consuelo en las iglesias neopentecostales.

Personas que se volvieron víctimas directas o indirectas de las balas y de las armas de la policía y de las pandillas organizadas del tráfico. La mayoría de ellos jóvenes y negros, que a partir de enero podrán ser exterminados por drones importados de Israel, sin cualquier protección.

¿Cómo hablar a esas personas sobre la guerra imperialista a la que nos enfrentamos? ¿Cómo contar a los que han sido abandonados en sus derechos sobre el asalto a las riquezas de Brasil? ¿Cómo hablar sobre corrupción a personas que son las reales y más importantes víctimas de la peste neoliberal? Esas son cuestiones que encaramos todos los brasileños, sin distinción de banderas partidarias. También son las que nos movilizan como colaboradores y lectores de Carta Maior.

A partir de 2019 reformularemos nuestras secciones y tendremos una buena novedad: con la ayuda de ustedes volveremos a traducir textos en inglés y francés encaminados por nuestros corresponsales o publicados en la prensa internacional. Los textos en español los mantendremos publicados en idioma original.

Como afirmamos en la Carta del Editor de 13 de noviembre, Carta Maior no cubre el día a día de la política. Nuestra especialidad es la análisis profunda, sistemática e ideológica de la pauta nacional y del área internacional.

La sección Cartas del Mundo por ejemplo, no solamente es un éxito por sus visitas sino que también una herramienta para que podamos comprender como otros países que también son víctimas do imperialismo están lidiando con sus propios problemas.

A nuestros 1,3 mil donantes activos y a los que ya participaron de nuestras campañas anteriores tenemos mucho que agradecer. Fueron ustedes los que hicieron posible nuestra permanencia al aire. Nuestra meta ahora es llegar a 2 mil colaboradores, lo que significa sumar 700 nuevas adhesiones entre los lectores de Carta Maior.

Por eso pedimos a todos que nos ayuden en esta jornada. Solamente la ilustración, el pensamiento libre y el diálogo podrán construir una efectiva resistencia contra los ataques del neoliberalismo y las nuevas formas del fascismo.

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Sigamos juntos,

Joaquim Ernesto Palhares
Director de Carta Maior


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