Política

Brasil: La militarización del gobierno, las FFAA, las armas, el ultraneoliberalismo y la deuda externa

 

08/01/2019 12:25

 

 

El nuevo gobierno de Brasil se parecerá más a una junta militar de un país de América Latina de finales del siglo pasado que al gabinete técnico de una democracia del siglo XXI, y la presencia de tantos militares en puestos de tanta responsabilidad será un acontecimiento sin precedentes desde que en 1985 se pusiera fin a la dictadura.

Más allá de la militarización del gobierno, la desmentida amenaza de intervención militar en Venezuela o la evidente predisposición a colaborar con israelíes y estadounidenses da a entender que el impacto del nuevo gobierno en cuanto al gasto militar o la importación y exportación de armas se antoja colosal.

Lo singular es que los militares no creen que el mercado y menos en que sus leyes sean capaces de producir un desarrollo sustentable. El general Villas Boas, comandante del Ejército lo dejó en claro cuando señaló que el nacionalismo es la salida para Brasil, pero que las elites nacionales lo desdeñan, prefiriendo el nacionalismo de otros.

La apuesta nacionalista, de la cual son prueba los programas militares expresados en el Plan nacional de Defensa y en la Estrategia de Defensa Nacional, aprobados en 2005 y 2007 por el Congreso, no combinan, como destacó Villas Boas, con la especulación financiera, intrínseca a la política económica antinacional dictada por el mercado.

La deuda y los militares

El vicepresidente. general Hamilton Mourão, dijo a Valor Econômico, que el gobierno de Jair Bolsonaro, propondrá una renegociación de la deuda pública, después de que sean aprobadas las reformas previsional y tributaria en el Congreso. Según el analista César Fonseca, sería la desconstitucionalización general del presupuesto nacional para acelerar el combate al déficit público propuiesto por el ultraneoliberal Paulo Guedes, gurú económico del uevo gobierno.

El déficit público primario cerró el año en 139 mil millones de reales (casi 2% ) mientras el déficit nominal, que incluye los intereses se aproxima al 10% del PIB, lo que significa que el peso de los gastos financieros (intereses y amortizaciones) es infinitamente mayor que el de los gastos no financieros (en salud, educación, seguridad, infraestructura, entre otros) en el total del déficit

Guedes anunció un corte general en los gastos no financieros para que caigan al 1% del PIB en un año, pero sobre las cuentas financieras, que son las que realmente pesan, se mantuvo callado.

La estrategia guedista es la solución del mercado, en la cual los militares no confían, ya que profundiza el congelamiento neoliberal que está dejando el gobierno de facto de Michel Temer, con más de 12 millones de desempleados, salarios devaluados por la nueva ley laboral, recesión, hambre, miseria, desarticulación general de programas sociales… y mayor indigencia.

Por lo que dice el general Mourão, en el cortísimo plazo intentarán aprobar la reforma de la Previsión social y acelerar la desvinculación de gastos del presupuesto , lo que en la práctica significa terminar con la Constitución de 1998, que determinó el actual Sistema de Seguridad Social (SSS), que incluye asistencia social, salud y previsión, un conjunto de políticas públicas consideradas el mayor programa social vigente en Brasil que de derrumbarse traerá una mayor inestabilidad política y social.

La propuesta previsional de Temer, rechazada por un Congreso afín,  logró que el mandatario de facto alcanzara el record de impopularidad. Varias preguntas quedan en boca de los analistas: ¿Y si el Congreso no aprueba el paquete de medidas propuestas por el “mercado”?

¿Y si se impone una auditoría de la deuda? Muchas irregularidades saldrían a la luz, destaca Maria Lúcia Fattorelli, líder del movimiento nacional Auditoria Ciudadana de la deuda. A fin de este año, este movimiento abortó la jugada de la banca de intentar aprobar la titularización –“ projeto de secutirização”- de la deuda, que significa el desvío de los depósitos y la recaudación públicos. El dinero que debiera ir para el tesoro nacional sería desviado para la caja de los bancos, con pago de peajes absurdos.

Las relaciones, las armas

El gobierno del presidente Donald Trump expresó que buscará afianzar sus lazos con el próximo mandatario de Brasil con una visita del secretario de Estado, Mike Pompeo, mientras el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu y el presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro, sellaron en Río de Janeiro una nueva alianza que traerá mayor cooperación económica y militar entre ambos países.

Pompeo analizará un posible aumento en el comercio y la inversión entre ambos países,  específicamente en tecnología, defensa y agricultura, mientras expresaba las preocupaciones del gobierno de Trump por la democracia en Cuba, Nicaragua y Venezuela, así como las posibles amenazas de la creciente presencia de China en Latinoamérica.

Bolsonaro ha dicho que adoptará posturas similares a las de Trump, pues piensa poner en primer lugar los intereses nacionales en políticas económicas, de seguridad, de relaciones exteriores y ambientales. Israel tiene la expectativa de que Bolsonaro traslade la embajada brasileña en Israel de Tel Aviv a Jerusalén, como lo anunció en noviembre. Pero después indicó que esa decisión –que podría provocar represalias comerciales de los países árabes, importantes compradores de carne– aún no se había adoptado.

Israel firmó en 2007 un acuerdo de libre comercio con el Mercosur, que Brasil integra con Argentina, Paraguay y Uruguay. El intercambio bilateral entre el mayor país de Latinoamérica e Israel alcanza mil 200 millones de dólares. Bolsonaro dijo que está buscando importar tecnología israelí para producir agua en el noreste de Brasil, azotado por la sequía. Más que colaboradores, seremos hermanos en el futuro, en economía, tecnología, declaró Bolsonaro al recibir a Netanyahu

El gasto militar desorbitado

Brasil hoy detenta un gasto militar completamente desorbitado que le sitúa a la cabeza de América Latina, alcanzando en el año 2017 el 1,4% del PIB y un total de 25.751 millones de dólares, lo que contrasta con datos tan alarmantes como el aumento del desempleo (12%) y el riesgo de más de un millón y medio de personas de sufrir extrema pobreza.

Según el SIPRI (Stockholm International Peace Research Institute), aunque el gasto en relación al PIB ha descendido claramente desde finales de los años ochenta en los que llegó a situarse en el 2,7% (1989) hasta la actualidad (1,4% del PIB), lo cierto es que en términos absolutos no ha dejado de crecer hasta casi duplicarse en las últimas tres décadas (15.353 millones de dólares en 1988, 21.309 millones de dólares en 2008 y 25.751 millones de dólares en 2017).

En 2017 sólo Francia (56.287 millones de dólares), Alemania (43.023 millones) e Italia (28.417 millones de dólares) gastaron en Europa más que Brasil. Pero si la comparación la hacemos con los países de la región la cifra se muestra todavía más disparatada: Colombia (8.976 millones de dólares), México (5.533 millones), Argentina (5.165 millones) o Chile (4.805 millones de dólares) gastaron entre un 70 y un 80% menos que Brasil.

Para los analistas de temas militares, la llegada de Bolsonaro al poder puede suponer un aumento porcentual y absoluto considerable del gasto militar. En 2015 el informe ‘Future of the Brazilian Defense Industry’ de la consultora ASD Reports preveía que el gasto militar brasileño llegaría en 2021 hasta el 1,7% del PIB y los 41.000 millones de dólares.

Bolsonaro estudia elevar el gasto hasta al 2% del PIB que el presidente estadounidense Donald Trump está exigiendo a sus aliados en la OTAN (en Brasil supondría más de 50.000 millones de dólares anuales), una inversión en armas que irá acompañada de un aumento de la pobreza y las desigualdades en Brasil.

El gasto brasileño en defensa no tiene una correspondencia con la adquisición de armas, pues según los informes de transacciones del SIPRI las armas importadas por Brasil alcanzaron entre 2000 y 2017 un total de 3.921 millones de dólares, sin una clara tendencia al alza, cifra que no es mucho mayor que lo invertido por Colombia (2.582) o México (2.656) o que resulta incluso inferior Chile (4.823 millones de euros).

La industria militar no tiene correlación con el gasto militar brasileño, ya que las exportaciones de armas brasileñas en este siglo, que alcanzaron los 799 millones de dólares (contra 13 millones de dólares para Argentina; 123 millones para Chile; o 16 millones para Colombia), mientras países europeos con menor presupuesto militar, o muy parecido, exportan diez veces más armamento bélico (España registró exportaciones por 9.817 millones de dólares e Italia por 10.457 millones de euros).

La industria militar brasileña parece estar orientada al autoabastecimiento, aun cuando cuenta con el tercer mayor fabricante del mundo de aviones, Embraer (que intentarán privatizar), que destaca por la fabricación de sistemas de combate, defensa antiaérea y vehículos militares. Su industria militar genera 60.000 puestos de trabajo directos y 240.000 indirectos.

Mientras, la compra de armas por parte de Brasil está siendo investigada en España, donde se ha judicializado una trama corrupta que vendía armas a diferentes países, especialmente, Angola y Arabia Saudí, y que también afecta a Brasil, aunque todavía no se ha investigado lo suficiente como para cuantificar la magnitud de la corrupción.

Una encuesta de Datafolha revelada este fin de semana, señala que dos de cada tres brasileños (69% de las mujeres, 62% de los hombres) creen que Brasil no debería tomar partido por EEUU en sus relaciones exteriores en detrimento de otros países, una de las principales directrices diplomáticas del presidente Jair Bolsonaro, mientras que un 15% está “totalmente de acuerdo” con la propuesta.

Juraima Almeida es Investigadora brasileña, analista asociada al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

*Publicado originalmente em estrategia.la


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