Política

El covid-19 y un nuevo equilibrio de poder

 

06/04/2020 15:58

 

 
Cerca de finalizar la Segunda Guerra Mundial, EEUU y sus aliadas europeas (sin Rusia) se reunieron en la denominada Conferencia de Breton Woods, marcando el rumbo del funcionamiento económico mundial en Occidente a partir de sus resoluciones, en el marco del nuevo mundo bipolar.

De allí surgieron algunas Instituciones como el FMI, el Banco Mundial y el GATT, las cuales facilitaron enormemente el movimiento de capitales y de mercaderías, propiciando así el desarrollo e intensificación del comercio internacional, dando comienzo al proceso de la llamada globalización contemporánea y a uno de los periodos más prósperos del mundo desarrollado

En América latina, mientras tanto, en un fenómeno proporcionalmente inverso, comnzaron a pauperizarse los pueblos, con la caída de los modelos ISI y el regreso a la dependencia en precios y cantidad de los commodities, proceso lento y continuo de lo que será la gran crisis estructural de las economías latinoamericanas.

Treinta años más tarde, la crisis del petróleo de mediados de los años 70 impactó fuertemente en la estructura de la economía mundial. Las grandes empresas multinacionales buscaron los medios para recuperar la rentabilidad perdida, desarrollando un nuevo sistema de producción global. Los gobiernos recortaron los beneficios del “Estado de Bienestar” que se habían logrado a lo largo de los años dorados, de posguerra.

La posibilidad de generar un nuevo sistema de producción, se debió a la concurrencia de varios factores como la reducción de los costos en el transporte y los adelantos de las tecnologías de la informática y las comunicaciones (TICs), que permitieron el desarrollo de las redes de producción, o cadenas de valor.

Esto implicó que las empresas multinacionales, de los países desarrollados, trasladaran parte de sus procesos productivos a países en desarrollo. Se buscaba combinar la tecnología, innovación y conocimiento de los países desarrollados con los menores costos de mano de obra, la abundancia de materias primas de los países sub desarrollados, junto a sus ventajas logísticas, fundamentalmente en el sudeste asiático y China, receptores principales de esta deslocalización de la producción.

La caída del Muro de Berlín, y el fin del bipolarismo, dio inicio a la hegemonía de EEUU, al “fin de las ideologías” y el comienzo del neoliberalismo que, como bien sabemos, postula las virtudes de la apertura comercial y del libre mercado, dejando de lado la práctica de políticas proteccionistas y el rol del Estado en la conducción, intervención y regulación de los procesos económicos, delegando estas funciones en la iniciativa privada..

En nuestra América Latina, tempranamente, la Escuela de Friedman (neoliberalismo) tuvo un fuerte desarrollo, a partir de la instauración de la dictadura militar chilena de Augusto Pinochet, junto al resto de las dictaduras del Cono Sur, luego de la represión y el ajuste autoritario de la década del 70, durante la cual se llevaron a la práctica, en forma estricta, la aplicación de los postulados del Consenso de Washington.

Para el final de los años 90, el proceso de globalización contemporánea y el desarrollo de la deslocalización de las transnacionales, había alcanzado su máximo potencial con la libre circulación de capitales, junto con la implantación, exacerbada, de la sociedad de consumo, generadora, junto con el crédito, de una demanda que activó los procesos de producción, destinados a satisfacer la misma.

La globalización contemporánea y la deslocalización implicó, también, la uniformización y simplificación de los procedimientos y regulaciones nacionales e internacionales con el fin de mejorar las condiciones de rentabilidad, competitividad y seguridad jurídica para las inversiones llevadas a cabo por estas grandes empresas multinacionales.

De allí la proliferación de Acuerdos de Libre Comercio y de Tratados Bilaterales de Inversión en el seno de las economías de los países emergentes, con el objetivo de otorgar seguridades jurídicas a las inversiones provenientes del mundo desarrollado , cediendo soberanía al capital transnacional.

Tres acontecimientos impactaran en este proceso, durante el SIGLO XXI

El 11 de setiembre del 2001 se produjo en EEUU el atentado contra las Torres Gemelas y el Pentágono, causando miles de víctimas inocentes, dando inicio a la llamada “guerra contra el terrorismo”, que comenzó por la invasión de EEUU y sus aliados a Afganistán, para seguir en 2003 con la invasión a Irak.

Sin bien los regímenes de los talibanes y de Sadam Hussein fueron derrocados, la resistencia a la presencia de los EEUU en esa región sigue siendo sumamente activa. Esta experiencia bélica ha sido la guerra más prolongada a la cual se ha enfrentado EEUU a lo largo de su historia.

Actualmente, tanto en Afganistán como en Irak, EEUU ha firmado sendos acuerdos de paz, fijando cronogramas para retirar sus efectivos militares, reconociendo, por la vía de los hechos, la derrota militar, al no haber podido lograr sus objetivos a lo largo de más de 18 años de guerra.

El costo en vidas humanas, heridos y todo tipo de efectos colaterales, para ambos bandos ha sido y es incalculable: miles de muertos y heridos, países colapsados y sumidos en la miseria por los efectos de una guerra imperialista, que con el pretexto de aniquilar el terrorismo y la posible existencia de armas de destrucción masiva, buscaba apropiarse de los recursos de ambas naciones agredidas.

Para el Imperio estadounidense, el costo económico de estas guerras fue incalculable. Más allá de los beneficios del complejo militar industrial que sostiene su economía, el Tesoro de los EEUU se vio notablemente afectado, generando enormes déficits en la economía local, más allá de la pérdida de prestigio a nivel mundial.

En setiembre del 2008,el segundo acontecimiento que incidió negativamente en el desarrollo del proceso de globalización, se produjo con la caída de Lehman Brothers, detonante de una crisis económica y social de tal magnitud que -podemos afirmar- el sistema capitalista aún no ha podido superar.

El incremento exponencial de la desigualdad que se generó, la traslación hacia el resto del mundo de la crisis, impactando en Europa, fundamentalmente en los PIGS ( Portugal, Italia, Grecia y España -Spain, en inglés- ). PIGNS es la denominación dada por los propias potencias europeas a las economías débiles con balanzas de pago desfinanciadas, que han ido mermando la hegemonía estadounidense y de sus aliados, así como la de sus empresas multinacionales.

Además, el proceso de deslocalización de la producción fue generando, a modo de bumerán, el surgimiento de un competidor a la hegemonía estadounidense en todos los planos: la República Popular China.

Convertida en segunda potencia económica mundial, compite con EEUU, incluso en el campo de las TICS. Digamos que fue la potencialidad de la economía China la que, en gran medida, permitió sortear al sistema capitalista los efectos de la crisis del 2008.

En el plano militar, lejos está China de competir con el potencial estadounidense. Sin embargo, su alianza estratégica con Rusia, en todos los campos, permite que sea considerada un rival de fuste.

Recientemente, en una de las últimas aventuras militares (en Siria), en la cual se vieron involucrados EEUU y sus aliados occidentales, el resultado final fue adverso para Washington. Su intervención fue un fracaso y una clara demostración de deslealtad para con sus aliados, los kurdos.

Estos hechos han logrado que se operen modificaciones sobre las bondades del libre mercado y los postulados del neoliberalismo. Ahora, en el discurso económico, comienza a hacerse notar la presencia de posturas que nos alertan sobre el ingreso a una nueva etapa que podría denominarse de desglobalización.

En la historia del capitalismo ha sido recurrente la existencia de estos ciclos de apertura y de proteccionismo, que según el economista Ruchir Sharma, abarcan décadas de la historia. Esto no implica el fin de la globalización, sino que, ésta, reduce notoriamente su intensidad.

Cuando nos referimos a la desglobalizaciòn, hacemos referencia a una etapa del desarrollo económico internacional, en la cual se opera un notorio retroceso en los flujos internacionales de mercancías, servicios, capitales y personas, que con los efectos producidos por la crisis del 2008, se agudiza y acelera.

El aumento del proteccionismo, manifestación más notoria de las políticas adoptadas por la Administración Trump, y la intensificación de la guerra comercial con China, es una clara muestra de lo que venimos analizando.

La deslocalización de la producción industrial generó en todos estos años importantísima pérdida de puestos de trabajo bien remunerados en la industria manufacturera, que la promesa de Trump de recuperarlos, explica en gran medida su asombroso triunfo electoral, sumándose a lo que venía sucediendo en Europa con la llegada de partidos nacionalistas, aislacionistas y proteccionistas, siendo el Brexit la máxima expresión de este fenómeno.-

El desarrollo de este proteccionismo llevado a cabo por Trump ha significado la elevación de aranceles, el incentivo a las multinacionales a retornar con sus unidades productivas a EEUU (reshoring) y ha dejado de lado la celebración de megaacuerdos internacionales, como el TPP, y el retorno a la celebración de acuerdos bilaterales, en los cuales EEUU pueden sacar mayor provecho de sus ventajas asimétricas en las negociaciones con los países emergentes.

Otros factores que han incidido en este proceso de desglobalización, han sido el aumento de los salarios en el destino de las deslocalizaciones, siendo el caso de China el más relevante, generando así, una merma en la rentabilidad. Y además la preocupación vinculada a la seguridad, por parte de las empresas multinacionales, como consecuencia de las operaciones de compra venta y la pérdida de control de sectores estratégicos por parte de los estados origen de estas multinacionales.

El coronavirus es el tercer acontecimiento que ha detonado en este contexto; una pandemia de la que no tenemos todavía idea de cuáles serán sus efectos a largo plazo, pero que ha desatado ya una profunda crisis social y económica a nivel mundial, interpelando todas las relaciones vinculantes, sean laborales, sociales, personales o de producción.

La forma de intentar controlar sus efectos, lo que se logra sólo con el confinamiento social, están parando al mundo, lo cual implica graves riesgos económicos, pero sin alternativa. Mantener las poblaciones dentro de sus casas, implica (y está bien hacerlo) deprimir al máximo la demanda, afectando traslados de personas y mercaderías y el movimiento turístico mundial.

Ahora bien, esta crisis ha tenido la triste virtud de demostrar la gravedad que ha implicado esta globalización en materia de suministros de medicina, la dependencia casi absoluta de productos farmacéuticos fabricados en China, India, Alemania o EEUU y el escaso o nulo desarrollo de la investigación y desarrollo de productos medicinales, en los países emergentes, con la honrosa excepción de Cuba.

Deberíamos haber tomado recaudos con la crisis griega, ya que los laboratorios amenazaron con su retiro si se les ponían impuestos para superar la crisis en el 2010.

Se analiza, entonces, la conveniencia de reducir la dependencia de suministros en localizaciones alejadas, desde los propios centros de la economía mundial, lo cual impulsa una tendencia que ya se venía registrando. El proteccionismo, que en una situación como la que estamos atravesando, se reafirma, potencia a su vez la deslocalización en un marco regional o de proximidad.

Tal circunstancia valoriza la necesidad de profundizar los regímenes de integración regional, en contraposición con los anuncios e intenciones de los gobiernos de derecha de flexibilizar el Mercosur y propiciar acuerdos bilaterales con EEUU.

Estamos, pues, ante un nuevo orden mundial, que abrirá las puertas de un nuevo relacionamiento entre estados y dentro de los mismos, con el desafío más importante de reconocer que ya la centralidad del mundo no girara en torno a Occidente, sino que tendrá su epicentro en el sudeste asiático, junto a otros actores.

El covid-19 nos está dejando un mundo en clave de preguntas y redireccionamiento geopolítico.

Roberto Chiazzaro es licenciado en relaciones exteriores, Profesor de historia, Exdiputado del Frente Amplio, Secretario de Relaciones Internacionales del Partido Socialista del Uruguay. Analista invitado del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

*Publicado originalmente em estrategia.la

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