Política

Lula humilla a sus verdugos

 

16/10/2019 11:02

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Como prueba adicional de su dignidad, Luiz Inácio Lula da Silva se negó a pedir la progresión del régimen penitenciario al que tiene derecho, habiendo cumplido una tercera parte de la condena a la que fue sentenciado.

Asustados por la indignación y la determinación inquebrantable de un hombre de 73 años -injustamente condenado y sin pruebas, a 12 años y un mes de prisión- los 15 fiscales federales que conforman el Equipo de Tareas de la Operación Lava Jato, exactamente los que forjaron el proceso contra Lula, tomaron la iniciativa, sin precedentes en la práctica de los agentes persecutores brasileños, de solicitar que da Silva pasara al régimen carcelario semiabierto. Si acepta la concesión, de acuerdo con la legislación vigente, Lula debería ser sentenciado a una prisión especial -saliendo durante el día a trabajar y regresando a las 6 de la tarde- para pasar la noche en la celda. En ese caso estaría usando una tobillera electrónica, para que sus pasos pudieran ser monitoreados y se pudiera prevenir un posible escape.

Como no hay ninguna prisión especial adaptada para recibir a un ex Presidente de la República -que tiene derecho legal a una seguridad especial- Lula cumpliría su condena bajo arresto domiciliario, teniendo que probar su trabajo diario, usar tobilleras, abstenerse de participar en actividades políticas, no ausentarse de su ciudad de residencia y regresar a casa siempre a las 18 horas. Lula se niega. No se inclinará. Declara que no cambiará su dignidad por libertad. Seguirá luchando por la anulación de su sentencia y por el castigo de los que lo han acusado y condenado injustamente. Hubo parcialidad en su juicio y condena. Lula ya ha dicho que Deltan Dallagnol y Sérgio Moro -el primer jefe del Grupo de Trabajo de la Operación Lava Jato y el segundo ex juez federal que lo condenó- deberían estar en prisión, y que hoy es el Ministro de Justicia del Presidente Jair Bolsonaro, quien sólo obtuvo la mayoría de votos después de que se le impidiera a Lula presentarse.

La gran controversia en este momento es si el ex Presidente puede o no negarse a ir al régimen carcelario semiabierto. Después de impedirle conceder entrevistas durante el período electoral, evitar que asista al funeral de su hermano, restringírle el número de visitas que podía recibir y movilizarlo para trasladarlo a una prisión común, los abogados de Lava Jato insisten ahora en que Lula ha cumplido con todos los requisitos legales para progresar en el sistema penitenciario y que, debido a su "buena conducta", puede cumplir el resto de su sentencia fuera de la prisión. "Es caro para Hacienda mantener a Lula en la cárcel porque hay gastos con cárceles especiales -una habitación de 15m² con baño y sin ventanas-", dijeron los periodistas alineados con la persecución de Lula, insistiendo en que debe irse.

“Lula goza de una condición muy especial", dijo el presidente del Tribunal Regional de la IV Región -tribunal de apelación que ratificó la sentencia condenatoria en su contra y decretó su detención, antes de que se agoten todas las instancias de apelación- "no es bienvenido donde está", porque su estancia "devalúa la propiedad en la región", refiriéndose a la presencia diurna de cientos -y a veces miles- de manifestantes acampando cerca de la sede de la Policía Federal en Curitiba, clamando por Lula-Livre, desde el primer día de su detención.

"Lula no puede negarse a irse", decía un ministro de la Corte Suprema, quien impidió que Lula sustituyera a la jefa de gabinete de la presidenta Dilma Rousseff. Esto después de que un diálogo entre él y Rousseff fuera grabado ilegalmente y filtrado por Moro a la prensa, y quien hoy afirma haber sido "engañado" por la información filtrada por la Operación Lava Jato.

Lula Livre es un peligro para los golpistas que derrocaron a Dilma Rousseff, arrestaron a Lula e hicieron posible la elección de Jair Bolsonaro y sus prácticas nazi-fascistas, el desmantelamiento del Estado Nacional y los logros sociales. Lula Livre representará el regreso del gran articulador político, capaz de aglutinar la resistencia y movilizar a las masas populares.

Sin embargo, el encarcelamiento de Lula está comenzando a ser una carga difícil de llevar, tal es la presión nacional e internacional frente a la farsa legal que se ha montado y la evidencia cada vez más clara de ser un prisionero político. Así lo consideran juristas de renombre internacional, líderes políticos e intelectuales ampliamente reconocidos, instituciones sindicales internacionales y el Ayuntamiento de París. Además, la publicación de los mensajes electrónicos intercambiados por los miembros de la Operación Lava Jato, el entonces Juez Sérgio Moro y algunos ministros del Tribunal Supremo Federal (STF, por sus siglas en portugués), que han sido llevados a cabo por el portal digital The Intercept y otros medios de comunicación, han revelado la colusión criminal que se ha creado y que ha llevado al descrédito público de las partes involucradas. Por eso ahora, los responsables del arresto de Lula necesitan encontrar una manera de sacarlo de la cárcel, encontrándose ellos mismos en la condición de ser arrestados y humillados. Parece necesario liberar a Lula, más bajo vigilancia. Presumen que Lula debe ser libre, pero vigilado, en tobilleras, teniendo que ir a la cárcel todas las noches. Para que cada día se renueve en la opinión pública la idea de que Lula está en prisión y de que es -por ello- "corrupto".

Por tal razón, Lula no se sometió y lucha con todos los medios que tiene a su alcance para no ser liberado hasta que su inocencia sea reconocida y se anule su condena y juicio. Al negarse a ser humillado, Lula se agita aún más, revelando, con mayor claridad, la pequeñez de todos los que lo condenaron y arrestaron.

*Publicado originalmente na Revista Crisis



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