Cartas do Mundo

Carta de Tegucigalpa: La paliza de Xiomara Castro al poder constituido alimenta la esperanza de los hondureños

 

29/11/2021 11:16

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Créditos da foto: (Reprodução)

 

Pasaron las elecciones y ahora reaparece la cara de la agobiante realidad. Desde distintos espacios políticos o sociales aparece el Fondo Monetario Internacional (FMI) en medio de los debates sobre la situación actual. Para unos, está en el origen de los problemas; para otros, forma parte de la solución a los mismos.

Para las diferentes expresiones -políticas, económicas, sociales y periodísticas- del sistema de poder es imprescindible la firma de un acuerdo con dicho organismo; aunque nada dicen de la consecuente y mayor dependencia a partir de lo que se acuerde.

Para distintas manifestaciones político-sociales del campo popular se trata de una oportunidad para buscar otros caminos, más dignos y soberanos, que no signifique esa hipoteca para las futuras generaciones.

El gobierno sabe que allí se juega su futuro aunque no todos piensan de un modo semejante. Hay quienes quieren firmar, con los menores condicionamientos posibles. Por eso hablan –aunque poco convencidos- que tal acuerdo

Esos sectores están –genéricamente- identificados con el Ejecutivo o lo que se conoce como “albertismo”. Por otro lado están quienes, desde las cercanías del cristinismo, consideran que ello es prácticamente imposible por lo cual no descartan ir postergando el acuerdo o los pagos sin negar la posibilidad que ello termine en un nuevo default.

Lo hacen a sabiendas de que –muy probablemente-- se termine firmando un acuerdo que será presentado como una victoria aunque sea otra vuelta a la soga que nos viene oprimiendo el cuello.

Del resultado de estas negociaciones saldrán las más importantes medidas económicas para los dos años que aún le restan a este mandato. El gobierno sabe que lo que se pueda acordar en Washington es casi seguro que no va a caer bien en la Matanza, territorio que simboliza las demandas que tiene el pueblo kirchnerista.

El racismo viene marchando

Las circunstancias que rodean al asesinato de dos jóvenes, producidos en los últimos días, están conmoviendo a la sociedad. Se trata de situaciones muy particulares que evidencian brotes racistas a los que no se debe dejar pasar. Ellas no son nuevas pero su reiterada aparición obliga a reflexionar sobre ellas.

Elías Garay, tenía 28 años y formaba parte de un grupo de mapuches de la comunidad Quemquemtrew que ocupan tierras en Cuesta del Ternero, en las proximidades de Esquel, Provincia de Río Negro. Esa comunidad está sitiada por la policía de esa Provincia, con el apoyo de la Gendarmería Nacional.

Los dos sitios de ingreso al lugar están controlados por las fuerzas de seguridad. Ahora han sido detenidos dos “cazadores” que habrían ingresado y abandonaron el lugar a pesar del cerco policial existente. Garay fue asesinado y el otro joven –Gonzalo Cabrera de 22 años- fue gravemente herido. Los 2 detenidos están vinculados a los hermanos Alberto Osvaldo y Rolando Enrique Rocco. Éstos son contratistas que tienen concesiones destinadas a la explotación maderera, en predios fiscales ubicados en las proximidades de El Bolsón.

El mismo día de estos trágicos acontecimientos personal de a caballo y al grito de ¡Viva las Patria!, armado de palos, cuchillos y rebenques, disolvió a manifestaciones de El Bolsón que reclamaban por lo que había pasado con los mapuches.

Llamativamente las tropas federales que patrullaban la zona desaparecieron en los instantes previos a que se produjera este ataque. Con posterioridad el Intendente del lugar agradeció la “colaboración” de estos vecinos. ¡Peligroso!, muy peligroso antecedente.

Estos hechos acontecieron cuatro años después que otro mapuche, Rafael Nahuel, fuera asesinado de un disparo por la espalda, mientras participaba de la recuperación de tierras de la comunidad mapuche

Lejos de allí, en plena Capital Federal, un par de días antes fue asesinado el joven Lucas González, de 17 años. Venía, con tres amigos, de entrenarse en las divisiones inferiores de Barracas Central, un equipo que disputó las finales para ingresar a la 1ª división del fútbol nacional.

Aquí actuó personal –sin ningún tipo de identificación- de la policía de la Ciudad de Buenos Aires. Esos policías se desplazaban en un vehículo civil, sin ninguna identificación.

Los amigos del joven asesinado reclamaron por el maltrato de la policía y declararon: “Nos decían que éramos villeros y delincuentes. Que nos tenían que dar un tiro a cada uno”. Estos hechos evidencian de qué modo el racismo va intoxicando a la sociedad argentina y los peligros que eso entraña.

Álvaro Verzi Rangel es analista político y dirigente social argentino, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)

*Publicado originalmente em estrategia.la

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